Un programa integral para salir de la crisis

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Ambito Financiero 

Por Martín Redrado

Argentina se encuentra ante una situación económica y social crítica, inédita en términos de la simultaneidad de los problemas a resolver. Para hacer frente a esta realidad, nuestro país requiere de un programa integral de estabilización y crecimiento sincrónico que permita balizar todas las variables macroeconómicas en un sendero de convergencia.

En un escenario de escasez de divisas, el desafío más urgente de la próxima administración será la negociación financiera internacional. Despejar el cronograma de obligaciones debe ser el punto de partida de modo de comenzar a transitar un camino de previsibilidad. Vale destacar que el 80% de las obligaciones del primer cuatrimestre son bonos y letras con legislación local. En detalle, los vencimientos en dólares con el sector privado, alcanzan los u$s5.400 millones en los primeros cuatro meses del año entrante. Al respecto, el stock de reservas netas, que según Fundación Capital se ubicaría en torno a los u$s15.800 millones a fin de año, otorga espacio para afrontar estos pagos. Asimismo, deben monitorearse los abultados vencimientos en pesos (u$s7.950 millones en el primer cuatrimestre). Ahora bien, mientras la demanda de dinero no se recupere, descansar sobre la emisión monetaria como instrumento de transición es un factor de riesgo.

Un programa económico integral debe necesariamente exhibir una trayectoria de consolidación de las cuentas públicas en el marco de un enfoque de presupuesto plurianual. En efecto, el déficit primario cerraría 2019 en torno a un punto del PBI. En un contexto de alta presión tributaria y con un 60% del gasto público indexado a la inflación pasada, sin acciones concretas la tendencia será hacia el ensanchamiento del déficit.

Sólo mostrando certidumbre del lado cambiario, se podrá avanzar en un programa de reducción de la inflación, partiendo de un registro récord del 54% i.a. en diciembre. La actividad económica ya acumula ocho trimestres de caídas consecutivas, retornando así a niveles similares a los de nueve años atrás. Esta misma dinámica se observó tanto en el consumo, con una fuerte pérdida de poder adquisitivo (10,8% en dos años), como en la inversión, mientras las exportaciones sólo exhibieron un magro dinamismo en su conjunto. De esta forma, la actividad se contraerá un 3,3% anual en 2019, dejando un arrastre negativo de 1,3 puntos para 2020.

Ahora bien, la resolución de los problemas de corto plazo debe estar alineada a los cambios estructurales que Argentina precisa para consolidar un crecimiento sostenido de 3,5% anual. La meta es alcanzar una tasa de inversión sólida y poder mantenerla en el tiempo. Para ello se requiere: incrementar la inversión (nacional y extranjera) en bienes y servicios transables y en infraestructura; favorecer conductas innovativas; propiciar una creciente interacción entre la economía del conocimiento y el resto de las actividades tradicionales. También incrementar el ratio de investigación y desarrollo (I+D) en relación al producto de manera pro cíclica (a partir de una regla de +0,05%/PIB anual en años de crecimiento de más del 3%), estimular la I+D privada a través de desgravación impositiva y financiamiento, formar recursos humanos para la innovación, estimular una mejor articulación entre el sector productivo y el sistema científico-tecnológico, promover el desarrollo de proveedores innovadores desde la empresa privada y el sector público, incrementar en cantidad y calidad la inversión en infraestructura a efectos de ir reduciendo los sobrecostos por el retraso, y mejorar el desempeño logístico diversificando los modos de transporte de carga y articulando la multimodalidad como parte de la agenda de mejora de la competitividad.

En detalle, las medidas deben impulsar los instrumentos para financiamiento de start ups y nuevas empresas (Argentina invierte solo u$s4 per cápita en este concepto, mientras que Israel invierte u$s747, EE.UU. u$s397, Estonia u$s290 e Irlanda u$s105); promover programas de desarrollo de proveedores de grandes empresas de insumos industriales de uso difundido, que incluyan acciones de upgrading tecno-innovativo para las pymes involucradas y desarrollar un ambicioso programa de promoción de formación de habilidades tecnológicas (incluyendo robótica) en escuelas medias, terciarias y universidades (desde finishing/codding y programadores junior, hasta ingenieros y biotecnólogos). Además, impulsar la desgravación del impuesto a las ganancias para empresas que destinen a I+D más de un 5% de su facturación (y con un tope del 20%) con requisitos crecientes de exportaciones y la cofinanciación de proyectos de desarrollo tecnológico de alto riesgo en etapas tempranas de madurez tecnológica, que involucren temas de interés estratégico para el desarrollo.


Inversión

En materia de infraestructura, se debe reducir la brecha es uno de los principales desafíos para el próximo decenio en las diferentes regiones del país. Es necesario incrementar los niveles de inversión durante al menos una década, en tanto los principales países en desarrollo invierten mucho más que LATAM en infraestructura (LATAM 3,8%, India 5%, China 8,5% y países desarrollados 4%). Dadas las restricciones existentes en materia fiscal y acceso a los mercados de crédito, es preciso buscar otras fuentes de financiamiento de proyectos tales como bancos regionales de desarrollo. Se deberá impulsar un consenso entre los principales actores políticos, empresariales y sociales, a efectos de situar el gasto en infraestructura en el orden del 5% del PIB (fue 5,6% en los 90, para caer al 2,1% entre 2008 y 2015, y ubicarse en 2,5% en 2017).

En definitiva, el plan de estabilización y crecimiento debe ser encarado en forma conjunta, convergiendo primero a una economía con tasas de inflación, interés y crecimiento que sean compatibles con una economía normalizada, para alcanzar un sendero de crecimiento sostenido basado en la inclusión social.

 

Fuente: Ambito Financiero