La relación con Estados Unidos, "en espera"

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Por Martín Redrado para Diario La Nación

Pesos y contrapesos, esta es la clave del sistema institucional norteamericano. Una vez más se ve puesto a prueba en su historia de más de dos centurias. En distintas oportunidades, analistas argentinos tienden a usar el prisma local para evaluar la realidad del país del norte. Esta línea de pensamiento lleva a errores garrafales. Debido a su andamiaje legal, la presidencia de los Estados Unidos no permite el libre albedrío de quien sea su ocupante temporal. El Congreso, la Justicia, los medios de comunicación, las universidades y los centros de estudio son las principales instituciones que acotan el poder del primer mandatario.

A partir de conversaciones en los últimos días con los integrantes del equipo Trump, en particular con Rudolph Giuliani, concluyo que serán dos los ejes de acción de política económica: una política fiscal expansiva y una política comercial proteccionista.

Respecto de la política comercial, el primer "herido" resulta México. No obstante, en términos de impacto global debe monitorearse de cerca la evolución de la relación con China. Una devaluación del yuan o políticas de retaliación entre ambas potencias tensarán el panorama económico mundial y generarán un "efecto dominó", es decir, estaremos en presencia de restricciones y distorsiones que a través de distintas medidas se trasladan de país en país.

En el plano local, se abre un nuevo panorama. El acercamiento entre la Argentina y Estados Unidos será puesto "en espera" en diversas áreas. Negociaciones comerciales como el Sistema Generalizado de Preferencias, canal por el cual se pueden obtener reducciones arancelarias puntuales, se demorarán. En torno al 7% del total de las exportaciones fueron a aquel país en los primeros nueve meses del año, en productos tales como biocombustibles, miel, jugos y vinos, entre otros. Sin embargo, nuestro país no cuenta con preferencias arancelarias para sus envíos, por lo que no se vislumbra un perjuicio para estos sectores.

Por el lado financiero, estos cambios se dan justo en un momento en que la Argentina está volviendo a los mercados de capitales, en un contexto de grandes necesidades crediticias. Nuestro país precisa conseguir algo más de US$ 30.000 millones el próximo año, los cuales se obtendrán a tasas más elevadas que las que tenían en mente las autoridades económicas.

En materia de política exterior, el desafío es aún más agudo. La Argentina debe focalizar sus acciones, más en la sustancia y menos en eventos de marketing que son sólo pasajeros. Las relaciones internacionales son un complemento de la política interna, cuya finalidad es contribuir a mejorar la calidad de vida de nuestra población.

Para lograrlo se debe encarar una agenda de negociaciones múltiples y simultáneas para abrir mercados no tradicionales a la producción nacional. La victoria de Trump no hace más que poner de relieve la necesidad de la Argentina de complementar lo hecho hasta el momento, con un programa integral de desarrollo humano, social y económico propio. No esperar de los demás, sino trabajar en fortalecer nuestra estrategia de país.

 

El autor es Miembro del Tribunal de Solución de controversias de la Organización Mundial de Comercio y ex presidente del Banco Central

Fuente: La Nación